La
reparación del aluminio es un poco diferente
al de la chapa de acero de las carrocerías,
fundamentalmente porque las chapas de aluminio
son notablemente más gruesas, débiles
y agrias, que las chapas de acero de la mayoría
de vehículos.
El
motivo de que el aluminio usado en automoción
sea más grueso, es debido a que es menos
resistente que el acero y por lo tanto para
subsanarlo, se recurre a aumentar su espesor.
Las arrugas
producidas por un impacto fuerte en el aluminio
tienden a rajarse si se intentan reparar en
frío, para evitar esto, se calienta la
zona a reparar con una lamparilla de fontanero
a unos 120º y posteriormente se trata con
tases
y martillo
de carrocero o lima
de alisar o repasar, evitando en todo momento
el aplastamiento del material al golpear y entibar.
Los martillos
de madera son muy útiles para esta tarea,
sobre todo para enderezar los pliegues o arrugas
más grandes, de esta manera evitamos
en cierta medida el estiramiento del material.
Para la
recogida de material se pueden emplear unos
calentones
a soplete, también con una punta de cobre
(electrodo) o en último caso y para estiramientos
pequeños se puede usar el carboncillo
eléctrico (electrodo de carbono).
También es muy recomendable eliminar
la pintura de la zona a reparar, bien con un
disco de nylon o con un cepillo de mano y aplicando
un poco de calor con la lamparilla de fontanero.