Otra
técnica muy usual, es la del tacto, ya
que con ésta, podremos detectar la anomalías
que no consigamos distinguir visualmente.
Desplazaremos
la palma de la mano por la superficie de la
pieza con movimientos tanto horizontales y verticales,
como diagonales, pero con detenimiento y esmero.
De esa forma, con la misma mano, notaremos si
hay alguna abolladura, ya que detectaremos cualquier
protuberancia con el tacto. No utilizaremos
guantes para esta tarea, puesto que perderíamos
mucha sensibilidad y eso dificultaría
la localización de las abolladuras.
Al tacto...
El pasar la mano,
es una tarea cotidiana del chapista.
Habrá
que tener especial cuidado en zonas donde la
pintura este saltada, porque nos podemos clavar
en la piel trocitos (astillas) de pintura con
facilidad y también precaución
con los cantos de la chapa, salientes, remaches,
etc..
Normalmente,
tanto un chapista como un pintor con experiencia,
pueden ver o notar abolladuras que algunas personas
no detectarían así al pronto.